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ALGUNOS TITULARES

 

Sin ordenadores ni wifi: así son los colegios que triunfan en Silicon Valley.

 

Siete razones por las que se debe encender el móvil en clase. 

 

Las 10 razones por las que la tableta no es bien recibida en las aulas.

 

La escuela inteligente despega en España. Grandes empresas tecnológicas como Samsung o Google dan herramientas para consolidar la revolución digital en los colegios.

 

 

Con frecuencia nos encontramos con discursos que vinculan la imprescindible mejora educativa –en el país con la mayor tasa de abandono educativo de la Unión Europea- con el incremento del uso de la tecnología como recurso didáctico en las aulas. Pero esto, ¿es verdad?

En el presente apartado encontrará artículos que analizan la incidencia de la tecnología en el sistema educativo, sus pros y sus contras…

 

 

 

 

 

 

 

Conclusiones provisionales.

1º, no es metodológicamente aceptable analizar el móvil como recurso didáctico sin tomar en consideración la complejidad del asunto. La utilización del móvil: a) se enmarca en las pautas de uso previo que asumen de facto nuestros adolescentes -véase  nuestra "Investigación sociológica"; b) tiene repercusiones directas en la salud  de sus usuarios (afecta a la visión, audición, ciclos circadianos, ludopatía, patologías de la atención incluidas conductas adictivas) que deben ser ponderadas con cautela pues los riesgos sanitarios pueden superar con creces los beneficios educativos -véase nuestra sección "Móvil y salud"; c) entraña riesgos para los derechos civiles de nuestros estudiantes pues su privacidad es saqueada por los gadgets tecnológicos -véase nuestra sección"Móvil y agenda liberal"-; d) y, por supuesto, entraña un modelo de relaciones sociales y económicas de repercusiones imprevisibles -véase nuestra sección "Móvil y agenda social"-; 

2º, A tenor de los artículos abordados no existe consenso entre los "expertos", ni en la comunidad educativa en general, sobre las repercusiones de la incorporación de la tecnología a los procesos educativos. Por un lado, hay quien defiende su idoneidad como fuente de información y motivación para el estudiantado -en las llamadas escuelas/aulas inteligentes-, al extremo de que las autoridades educativas convierten el incremento de uso de tecnologías en el aula en síntoma necesario y suficiente de innovación educativa. Por otro, y el dato tiene ribetes de definitivo, quien nos recuerda que en las escuelas de Silicon Valley no se usan ni tabletas ni ordenadores, porque comprometen seriamente la gestión de la atención, de la información, y el desarrollo del sentido crítico.

3º, Además, parece comprobado que el incremento en inversión tecnológica en las aulas, sobre todo a partir de cierto nivel, no es proporcional a la mejora educativa esperable.

4º, Recordamos, dicho sea de paso, que nuestra investigación “Celular” apunta a que los usuarios de las redes digitales a través de sus dispositivos móviles no creen que éstas mejoren sus competencias cognitivas y creen firmemente que distraen la atención del estudio. De otro modo: la información disponible es relevante si, y solo si, es asimilable: mucha información es, casi siempre, ninguna información.

Conclusión: no parece muy inteligente usar el mismo soporte para el ocio compulsivo que para el estudio reflexivo, porque lo primero tenderá inevitablemente a invadir lo segundo.

De todos modos, el lector interesado puede leer el siguiente artículo de referencia: El móvil, ¿una herramienta educativa?

¡Gracias por su visita!